NEW AGE
“De repente me contemplo a mí mismo y me doy cuenta de que en mí tengo todo lo necesario para llegar a la plenitud de mi propia existencia. Soy un ser superior. La ciencia apoya todo lo que pienso y la religión es para mí algo absurdo, sin sentido”.
Es porque ha llegado la Nueva Era y no es necesario platicar con un Dios, porque Dios es un idea… no es algo real. Mis padres me enseñaron qie Dios existe, pero nunca lo he visto ni experimentando. En cambio, sí he experimentado la naturaleza y su gran poder. Mi pensamiento se eleva hasta el cosmos y los astros responden a mis inquietudes; porque el universo está todo en mí y yo soy una síntesis del universo: soy un microcosmos, soy el cosmos mismo.
Todo está relacionado y todo lo que necesito se encuentra dentro de mí; para llegar a la perfección sólo pongo mi música y me conecto con el principio universal que sostiene la creación.
Estamos en la Nueva Era (New Age), según se vive, en el cielo ya hay señales prodigiosas (luces, O.V.N.I.) y en nuestro derredor crece el contacto con los espíritus (fantasmas, espectros, espantos…). Los grandes personajes de la historia son ejemplos de seres superiores que entraron en contacto con el poder que nos envuelve…”
Y ¿Dónde dejamos el amor; los valores más grandes como la belleza, la admiración por lo que nos sobrepasa, la libertad, la verdad, la persona humana, la familia…? Sin duda, querido lector, esta forma de pensar nos está envolviendo cada día más. Cada vez, más jóvenes piensan que nadie tiene la verdad; que todos pueden opinar, pero no defender una postura. Sin duda, la Nueva Era –que se considera una “espiritualidad” y no una religión; una expansión de la conciencia y no una filosofía- no contempla al Dios que está manifestado en la belleza de las cosas y de las personas; no ve en el hombre el reflejo de su creador –quien también ama, piensa y quiere como tú-. ¿Puedo yo crear de la nada un grano de sal cuando menos? El hombre sólo puede tomar de un ser personal (Dios) el material de una sinfonía, de un invento, de una poesía, de un beso. Porque la inspiración que el hombre alcanza sólo puede brotar de Alguien que es la Belleza: Dios. Y aunque el hombre se niegue a reconocerlo, siempre existirá en su interior un eco perturbador que retumba en su conciencia: “lo más bello de la vida debe tener una fuente, un origen: algo que en sí mismo la Perfección, la Plenitud, la Totalidad: un Ser Supremo Creador del cosmos”; y es necesario saber que los rasgos que el hombre tiene, también los tiene su Creador: Dios es capaz de dialogar, de hablar, de pensar de amar…
Continuara…
Revista del Seminario Diocesano de Morelia, “Vox Nova”.
Semi: Nicolás













































